Imaginareum

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Mar 3

chisuikafuukuu:

Zestuen no Tempest

¡Qué épicamente inesperado fue esto! 

Feb 2

Elysium

En una celda que pretende ser un jardín,

Cae una lluvia de palabras frías que empañan a un corazón y traicionan  su memoria.

Una triste melodía parece sonar sin fin.

La melodía se repite y se repite; son las notas que ella odia.

Ella pretende no escucharlas, pero entre más lo hace, más resuenan en su mente.

Cambiando sus lágrimas por una sonrisa,

No consiguió más nada que tejer una mentira pretenciosa.

¿Por qué ella no logra abrir sus alas y deja que la guíe la brisa?

Quizá porque su frágil corazón repite interminablemente esas mentiras.

Ella tiene un deseo que florece como una flor (“saber quién es ella misma”)

Pero las flores también pueden morir antes de florecer.

Ella bien lo sabe… Su sonrisa ni su llanto pueden esconderlo.

La voz de la chica solo susurra en silencio: “volvamos a casa antes del amanecer”.

Realmente me cuestiono “qué fue lo que Jesucristo hizo por mí y por todos”, es decir, murió en la cruz para salvarnos del pecado pero al tercer día resucitó. Eso quiere decir que no hay un sacrificio. También se supone que Jesucristo es un ser perfecto, por lo tanto, no pudo haber quedado algún resquemor u odio en él hacia los hombres como Judas -por haberlo vendido-, la cobardía de Pedro, y la tortura que los mismos Romanos le impusieron hasta finalmente crucificarlo. Sus doctrinas de amor y comprensión no eran muy diferentes a las que Buda enseñó. Así que realmente no comprendo qué ha hecho Jesucristo por mí y por todos nosotros.

Rostros en las sombras.

Rostros me asechan desde las sombras
con sus miradas de desprecio
y expresiones vulgares 
que parecen buscar una forma de atormentarme.

Pero nada de esto es un obstáculo.
Las miradas que expresan odio y desprecio
me son como una ventana hacia las almas
de esos seres horribles. 
A través de esa ventana observo cuánta es su desgracia.

La desgracia de la ignorancia, de los prejuicios.
El veneno de la horrenda envidia, y de la incapacidad de comprender
algo que no sea más que la ilusión en la cual habitan.
Pero me doy cuenta de que estas miradas son de seres que no están vivos;
solo caminan sin rumbo ni destino por la vida.

Le pido al reflejo en el espejo que me enseñe al hombre que quiero ver.
Lo que veo en él, no son más que retazos de una memoria muy lejana.
Un sueño lejano. O también sueños imposibles. Metas y sueños trazados que no llegaron a concretarse nunca. Pensaba en que todo se daba como se planeaba pero no era así. La vida es traicionera y cada momento nuevo está lleno de incertidumbre.

Veo tantas cosas en el reflejo del espejo que deseo espantar. Un acérrimo enemigo es el yo que uno se plantea a futuro, porque uno no es capaz de aceptar que el presente es lo que se vive y el futuro que uno mismo se quiere imponer nunca se da. 

Podría yo abrazar a mi imagen en el espejo como si estuviese abrazando de nuevo a aquel pasado en donde el presente no importaba porque solo me aquejaba un futuro que desconocía. Pero abrazar a un fantasma no es lo correcto. No encontraré respuestas en lo que fui alguna vez. Todo se encuentra en lo que soy ahora. 
Mi espejo no refleja más que una imagen obscura que ya no necesito ver nunca más.

Bella.

Entre la maleza siempre se encontrará una bella flor.

                Lo mismo sucede con las personas.

Entre la fealdad de los pensamientos y el corazón

Que le dan más fealdad a la belleza física.

Así mismo sucede al contrario:

Una belleza de alma que le otorga belleza al físico.

 

Conozco a una doncella que es bella como una flor.

Posee ojos obscuros, muy obscuros…, tanto…, demasiado

Para tan poco cielo.

De labios bellos y voluptuosos que se moldearon con pétalos de rosas.

Con senos bellos y también voluptuosos.

De aliento fresco que es mi afrodisiaco.

 

Ella es bella… Todo lo de ella es hermoso:

Su piel, sus uñas…

Su cabello es una escalera hasta el cielo.

Es hermosa… bella.

Quiero que me pertenezca…

Que sea mía la chica bella.

Esa misma flor de mujer que crece entre la maleza que la rodea.

Yo…

Yo soy muy feliz

Porque he conocido infinidad de rostros.

Porque he amado las flores, la lluvia y el arrullo de las aves.

Algunas personas me han amado a mí.

 

                Yo soy esclavo

De la sociedad occidental moderna,

Esclavo de sus vicios y de sus costumbres,

De toda su violencia y de sus guerras.

 

                Yo soy dichoso

El pan nunca me ha faltado.

Siempre he sido yo y no he tenido la necesidad de pretender.

He sido dichoso porque el amor ha sido un simple deber.

 

                Yo he sido yo mismo.

He sido uno más, pero he sido yo.

Sin necesidad de engañar ni escapar…

He sido muchas cosas pero he sido yo mismo y ni uno más.

Recuerdos de una memoria que desvanece.

Me acaban de informar que padezco de alzhéimer. Sí, exactamente, alzhéimer, esa enfermedad que degenera la memoria poco a poco y que afecta a los adultos de edades superiores y en algunos casos a los jóvenes.

            Se preguntarán por qué están leyendo esto, pero verán, ya les explicaré; tengo 62 años de edad y soy abogado y también educador. Mi nombre es Carlos Beltrán. Hoy que me han informado sobre el alzhéimer decidí tomar mi laptop conmigo e irme a sentar a la plaza mientras bebía un café y pensaba sobre algunas trivialidades que luego abrieron paso para que me pusiera escribir en “Word”. Lo que escribiré serán mis memorias. No pienso hacerlo de una manera aburrida, quiero escribirlo de la manera más apetecible posible así como lo ha sido la vida para mí.

            Hoy que me han diagnosticado de una enfermedad que afecta la memoria, pienso sobre lo irónica que es la vida, yo un profesor y abogado que en toda su vida ha tenido que memorizarse leyes y cuestiones de estudio como también de oficio, está padeciendo de un mal que poco a poco acabará con su memoria, con todo lo que he aprendido y con todo lo que me tuve que obligar a aprender como también olvidar porque por ejemplo, las leyes son como las modas: cambian cada temporada para satisfacer los gustos y necesidades de las personas.

            Antes de comenzar a narrarles acerca de mis memorias quiero explicarles brevemente qué es el alzhéimer.  El alzhéimer es una enfermedad creada por algún dios malévolo y desgraciado con un sentido del humor mórbido, pues, no solo es una enfermedad, también es una demencia, y como toda demencia presenta las mismas complicaciones: pérdidas irreversibles de las capacidades intelectuales, de expresarse y de comunicarse. Es bastante triste, ¿verdad? Ya de por si vivimos en una sociedad en la cual naces, estudias, estudias, trabajas, trabajas, trabajas, te haces viejo y gastas el dinero pagándote el tratamiento de algún cáncer o cualquier otra enfermedad, pero por lo menos puedes, quizá, conservar tus capacidades intelectuales. Ahora que lo pienso… Yo aprendí muchas cosas en la vida con respecto a derechos, leyes, política, filosofía, religión e incluso química… Pero que todo ese conocimiento se esfumé de mis manos lentamente por así decirlo, me invade un sentimiento de sumo pesar. Perder la lucidez de mi mente, mi inteligencia y volverme un viejo decrépito de esos que sus familiares respetan por la simple lástima o porque se las ha inculcado que deben ser solidarios con sus familiares sin importar cuán desgraciado haya sido al familiar al cual deben tratar bien o si este jamás tuvo que ver con ellos de ninguna manera.         

Este maldito padecimiento también nos hace malas jugadas como todo lo que involucra a la mente y a la psique. En nuestras pérdidas de memoria, nos transporta a recuerdos muy lejanos; a aquellos recuerdos tan distantes pero dulces que son los de la niñez. También nos hace olvidar a nuestros hijos (no tengo hijos), confundir a nuestra pareja con el recuerdo de nuestros padres (gracias a dios que nunca me casé). En fin, nos hace sentir la pérdida de los recuerdos que más necesitamos para brindarnos recuerdos que pueden hacernos sentir bien pero que son imágenes muy distantes que ya no necesitamos salvo que queramos reconfortarnos, ¿pero para qué un loco va a querer reconfortarse con simples recuerdos viejos de momentos aburridos y banales en vez de traerle emociones nuevas? El viejo decrépito ya no se puede ni levantar ni salir de su casa, le esconden las llaves para que no le abra la puerta a extraños porque los confunde con gente que habrá conocido en la época de los dinosaurios… Ahora que lo pienso, los recuerdos que nos llegan son una tortura pero también son la pieza más importante de ese museo abstracto que se ha encargado de recolectar y poner en exhibición privada para nosotros mismos toda esa belleza enigmática que es el simple hecho de poder recordar algo, de sonreír o entristecerse (sin razón alguna para otros) por aquellos mismos recuerdos.

            Mis memorias son un simple relato más. Nací y crecí como todos ustedes. Comencé siendo un niño cualquiera y aburrido. Me gustaba leer, iba con mi padre a la biblioteca, yo era bastante tímido como para pedir cualquier libro, así que mi padre los tomaba por mí. Leí algunas enciclopedias como si se tratasen de novelas o cuentos. Aprendí de los Sumerios, de los druidas, de lenguas muertas, de lenguas contemporáneas que me parecieron graciosas por cómo se pronunciaban algunas palabras de por ejemplo el chino, el japonés y también el francés. A los catorce años de edad era bastante inteligente –si es que uno puede considerarse “inteligente” alguna vez- En aquella época era bueno en un deporte intelectual; el ajedrez. Nunca tuve ni he tenido afinidad por aquellos deportes que yo mismo he considerado puro entretenimiento o vulgares: fútbol, beisbol y boxeo, para mí desde temprana edad, estos no fueron más que deportes que no fomentaban nada inteligente. Solo el consumismo y la estupidez.

            Llegué a enamorarme de verdad a los dieciséis años de edad. O me pareció que era de verdad como a todo el mundo cuando se comienza a sentir atraído o enamorado de alguien al comienzo. Tuve muchos romances en mi adolescencia y en mi joven adultez. Algunos terminaron en desastre, decepciones o traiciones. Como todo el mundo me llegué a preguntar a mí mismo qué es el amor sin encontrar ninguna respuesta. No fue hasta tiempo después en que lo dibujé en mi mente de una forma propia para mí mismo. El amor no es un sentimiento cuya única y exacta función sea unir a la gente, porque también separa a las personas y crea conflictos. Es como el dinero: la gente mata, se esfuerza, pelea, odia y se mete en problemas para conseguir dinero, eso mismo pasa con el amor. En cambio, estar enamorado es sencillamente cuando otra persona te parece única y especial. Cuando omites sus defectos y de alguna manera, por más sensato que crees que eres, comienzas a comportarte o a sentirte como un niño frente a esa persona única y especial. No busco ver esto de una manera romántica. No sé cómo sea la forma correcta de verle la cara a este tema, pero sé que tampoco es lógica porque cometemos muchas estupideces que, cuando nos damos cuenta, saltamos olímpicamente por nuestro instinto y nuestra lógica para llegar al fin de satisfacer nuestra necesidad carnal y pasional.

            Y entre los recuerdos que puedo invocar mientras escribo, también se presentan aquellos recuerdos de disputas. Las disputas de cuando niño por algún juguete o en el bachillerato por alguna cosa que considerábamos importante pero que cuando una mente más lúcida y madura le echa luz a esas cosas “importantes”, no eran más que simples trivialidades. En esos años vi cómo el destino, que como un titiritero, apartaba gente de mí, o me apartaba de la gente; me reunía con otras personas y me transportaba a diferentes escenarios. A veces me ponía de nuevo con “títeres” que ya había conocido antes. En otras ocasiones los traía hacia mí. Otras, simplemente los hacía desaparecer permanentemente como primero a mi madre y años después a mi padre. Experimenté la tristeza de las pérdidas de aquellas personas que tienen un valor indescriptible para la vida de uno: mis padres, otros familiares y mi prometida. Pero mi prometida me dejó el día de nuestra boda. Ella prometió serme fiel desde que comenzamos nuestra relación tres años antes de lo que iba a ser nuestra boda. Me contó de sus situaciones sentimentales anteriores como que por ejemplo, una vez se había enamorado perdidamente de un joven piloto que jamás volvió a ver. En pocas palabras, ese había sido el amor de su vida hasta ese entonces. Por cuestiones del destino, ese piloto apareció el día de nuestra boda y se la llevó consigo. La desgraciada de mi prometida me dejo cuatro horas plantado en una iglesia. Debimos casarnos por civil porque yo no creo en Dios ni mucho menos en esos procesos de casamiento por la iglesia y qué sé yo, pero ella era la que insistía en que nos casásemos solo por la iglesia. Agradezco que no se haya llevado nada que yo no pueda remplazar, salvo por un álbum de “the Beatles” autografiado por los miembros de la banda (maldita mujer).

            Mis años de preparación en la universidad no habrán sido diferentes a los de cualquiera con las típicas reuniones, los amigos de un par de minutos que todos se hacen por interés o por otras razones. Sexo ocasional con compañeras de clases e incluso de otras casas de estudio. Los profesores típicos pero todos muy brillantes. Incluso llegué a toparme con un filósofo matemático que le gustaba hacerle la vida imposible a todos sus alumnos empleando sus vastos conocimientos sobre filosofía y matemáticas. Era bastante cómico en cómo nos hacia quedar como estúpidos al hablar con él. Una vez creí ganarle en una conversación sobre temas de la metafísica de Aristóteles pero luego él uso la matemática contra mí y me derrotó. Algo similar le ocurrió a un compañero mío, pudo ganarle al profesor en unas ecuaciones pero no pudo ganarle a sus brillantes conocimientos sobre la historia del país que contaba en forma de divertidas anécdotas que a todos nos encantaban y aprendíamos más que leyendo cualquier libro de historia que pudiéramos encontrar en la biblioteca de la universidad.

            Me aprendí las leyes y a cómo se deben manejar casos jurídicos e incluso la ética de mi profesión de abogado que no era más que una simple fachada porque en primeras, nadie cree en un abogado por más estudiado que éste sea. Siempre queda aquella creencia de que todos los abogados son simples ladrones con licencia. Nada más alejado de la verdad pero yo juro que nunca robé nada porque jamás lo necesité, nunca tuve deudas ni esposa e hijos que mantener; me valía solo en el departamento que compré, pero aunque no tuviese el acompañamiento de una familia propia, por lo menos tenía la compañía de mi hermano y su familia como también la de mis pocos amigos y de mis muchos interesados.

Retomando  los recuerdos de mis años de la universidad, aquella época en que uno se cree que se lo sabe todo por tener la oportunidad de estudiar una carrera pero que luego, en verdad se da cuenta de que  sabía menos que nada, recordé que en aquellos tiempos  -y como en muchos otros tiempos o momentos de mi vida-, yo buscaba el significado de muchas cosas, entre ellos el significado de mi propia vida; de mi existencia, buscaba conocer el significado más allá de lo que los libros de filosofía o metafísica me podían decir o dar entender con sus intrincadas explicaciones y anécdotas sobre el tema. Al final no supe nada ni conocí el significado de la vida y como quedé frustrado con ese tema opté por olvidarlo y no ponerme a buscar algo que jamás encontraré por más que me esfuerce. Pero con los años creo que lo comencé a entender: uno busca conocer el universo porque la física lo puede explicar. Uno busca entender el significado de la vida gracias a lo que la filosofía y la reflexión te pueden llevar, pero te llevan hasta cierto punto en donde uno mismo queda varado y es entonces cuando tiene la posibilidad de quedarte allí o seguir por el camino, avanzar y seguir encontrando personas, momentos, lugares, sentimientos y emociones. Allí comprendí que la vida se trata de opciones que ningún dios te ofrece, pues, somos el resultado de nuestras propias acciones y consecuentes como también somos resultado de las acciones y consecuentes de los demás; uno mismo y quienes lo rodea conforman la realidad de uno. Fue allí cuando comprendí que la vida no necesitaba ser comprendida mientras se vive; así como uno no saca cálculos que expliquen cómo es el movimiento de la montaña rusa o de cualquier otra atracción mientras se divierte en un parque de diversiones.

            Me gustaba mucho escribir. Muchas veces mis colegas asombrados por lo que yo escribía y les mostraba en mis cuadernos, quedaban sorprendidos e incluso me decían que porqué no intentaba escribir un libro, que tendría mucho éxito y que seguro me iría sensacional en el mudo literario. Pero siempre fui muy tímido como para querer ver publicado algo de lo que yo había escrito, ya de por sí no me gustaba releer lo que yo tenía escrito en mis cuadernos. Eso es un mal que sufren todas las personas que escriben, el mal de no querer releerse. Seguramente eso sucede porque el libro; las novelas, los poemas, las historias, etcétera son una extensión del alma y de la memoria, quien escribe, plasma su alma en papel. Es el arquitecto de un puente abstracto entre el pensamiento, los sentimientos y las palabras. Quien escribe hace pasar a todo esto mencionado por ese puente imaginario, luego de que cruzan, toman una forma, la forma del alma del autor, entonces ahí existe el miedo de mirar lo que nosotros mismos hemos escrito porque tenemos miedo de vernos como en realidad somos y nadie, por más intelecto que posea puede escapar de ese miedo que es conocerse a sí mismo.

            Nunca escribí un libro o novela por estas razones. Siempre fui un poeta o intento de escritor frustrado que escribía para mí mismo, como si yo me tratase de un “poeta sin corazón”, es decir, un “creador” de cosas, sin ninguna musa, “escritor” que no quiere enseñarle nada a nadie y tampoco así mismo porque tiene miedo de que de verse a sí mismo como también tiene miedo de que los demás lo vean por más confianza que tenga con estas personas. Yo era como quien  escribe cosas en un papel porque los sentimientos que estaban en mi mente buscaban una forma de ser expresados porque no les queda de otra… Y luego de ser expresados los apresaba dentro de un cuaderno por años y años sin poder cumplir el objetivo de la poesía: ser leída y sentida.

            He comprendido escribiendo todo esto que las personas solo somos nuestra memoria, lo que tenemos en el mundo son cosas materiales o productos de pasiones y designios de la naturaleza. La realidad tampoco nos pertenece del todo, nuestra realidad está mutada gracias a la sociedad en la cual vivimos. Nos apresa en una burbuja invisible  que a la vez  es tan sucia que no nos deja ver más allá de nuestras propias necesidades, y es por eso que no podemos comprender a nadie que nos rodee, por más años que pasemos conociendo a esa persona es difícil poder comprender su realidad sí siquiera podemos comprender la nuestra.

Los hijos que nunca tuve jamás me habrían pertenecido de ninguna forma. Los padres creen que sus hijos les pertenecen cuando la verdad está muy lejos. Nadie le pertenece a nadie ni porque le haya dado la vida, el cuerpo y el alma siempre buscan ser libres aunque estas dejen algún apego emocional hacia las personas que han conocido a lo largo de la vida, apego que puede divergir por diferentes razones: psicológicas, biológicas, sociales o hasta por una simple necesidad o capricho.

Son nuestra memoria, nuestros recuerdos quienes nos conforman enteramente; somos una caja llena de recuerdos de todo tipo. Esto es la prueba intachable de nuestra existencia y de que hemos tenido dulces y amargos momentos.

Somos un quimérico laberinto de recuerdos de nuestras vivencias de épocas mejores y peores. Este laberinto es cada rincón de nuestra alma. En fin, una persona que sin recuerdos no tiene nada. En la vida pasaremos por tantas ominosas vicisitudes que luego terminaremos contando como anécdotas divertidas a nuestros seres más queridos. Es una lástima que mi memoria esté sentenciada a esfumarse poco a poco como si se soplasen un montón de cenizas.

Ausencia.

-No sé cómo llegar hacia ti porque estás muy distante

Como las gaviotas que se alejan volando de la playa.

Es sencillo extrañarte…

Y en cambio es tan complicado recordarte

Porque has quedado inmortalizada entre canciones y fotografías.

-No sé en qué lugar puedo esconder a mi alma

Para no notar tu ausencia

Que como daga afilada se incrusta en mi pecho

Y al pasar del tiempo, la daga se hunde más

Haciéndome sentir lo despiadada que es tu ausencia.

0hmyg1ob:

anime | Tumblr on We Heart It. http://m.weheartit.com/entry/47007947/via/_Kano

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Dec 8

Mariposa que se ha perdido en la noche,

Debes seguir el sendero que trazan las luciérnagas

Para encontrar tu camino a casa,

Y poner a descansar tus alas de tan amargo vuelo.

Nosotros dos somos como las estrellas del cielo en invierno:

Solitarias, frías, silenciosas y lejanas.

Nuestro tenue resplandecer es opacado por la luna.

En todo su elegante brillo de plata, nos hace flotar

Por las aguas de su resplandor.

Pero por más belleza que nos rodee.

Por más sueños que estén en medio…

Sólo somos dos personas, que como estrellas en invierno…

Están muy distantes y no se tocarán jamás.

No me ves, no me oyes

Te vuelves inalcanzable para mí.

No sé a dónde vas.

Desconozco por dónde te conducen tus pensamientos.

Pero no te pierdas, no busques volverte inalcanzable…

Te puedo intentar alcanzar

Pero jamás se atrapa al ave que ha decido volar sola y muy lejos.

Una vez bajo la luna  hubo un poeta que no podía escribir,

no tenía corazón ni musa,

toda su inspiración había terminado y con ello

también terminaron sus poesías.

Ya no era capaz de construir el puente entre palabras y sentimientos,

ya no era el arquitecto de sus sueños, ni de sus vivencias;

era solo un poeta que ya no tenía corazón.

Existe una chica solitaria.

Ella se sienta en soledad a pensar.

Sus ojos encierran una historia,

Una historia que su boca se niega a contar

Pero que sus ojos delatan,

En ellos habían quedado las marcas imborrables de incontables lágrimas.

Lágrimas de soledad que recordaban a un pasado gris,

A un presente gris

Y a un futuro obscuro e incierto…

Ella pensaba que no podía llorar más porque ya había llorado mucho…

Pero la obscuridad la molestaba y resquebrajaba su ya torturado corazón.

Sus ojos contaban una historia sí…

Pero sus ojos eran como un espejo en las sombras.

Un espejo que al estar en obscuridad solo reflejaba más obscuridad.

Pero una cosa era cierta, así ella no lo quisiera aceptar…

Eso era que siempre existirá una pequeña luz en donde hay obscuridad…

Luz que sirve como faro para quienes se pierden entre sombras.

Faro que sirve para que naveguen seguros quienes se pierden…

Pero levantarse y seguir la luz del faro, dependería sólo de ella…

Porque todo se puede cambiar…